En la sala de espera hay cerca de veinte personas. Una mujer mese a su hijo para que deje de llorar. Debe tener alrededor de 6 meses y no hay nada que lo calle, la madre trata de darle pecho y no hay caso, lo pasea, le canta al oído y nada. El bebé grita desconsolado, mientras a en otra silla un hombre se toca la cabeza, cierra los ojos y con sus dedos se masajea la sien. Arriba de sus cabezas hay un número que corre lento y la hora pasa rápido.
Todos están allí esperando ser atendidos por los médicos del Hospital Salvador. Las enfermeras se mueven a un ritmo distinto, lento, como si lo que pasara al interior de esa sala de espera les fuera ajeno. Llaman uno a uno a los enfermos y ellos se paran rápidos para salir luego de allí, donde las paredes son blancas, las puertas de una madera muy antigua y los adoquines son mezcla de un color morado con crema.
Allí parece que el tiempo se congela, el hospital fue creado en 1879 y ha atendido a un sin número de personas. Aún conserva su estructura original, el patio interior está lleno de árboles y asientos en los que se puede ver algunos viejitos junto a las auxiliares del recinto aprovechando los primeros rayos de sol que trae la primavera. Sin embargo hay algunos pasillos que están clausurados porque los diversos terremotos han dejado sus estragos en el Hospital, algunas grietas en los techos son evidentes, o los desniveles en el piso que obliga a los enfermeros a tener un cuidado especial cuando trasladan a los enfermos para que no estén saltando a cada rato como en un rally.
De vuelta en la sala, el número de pacientes que esperan ser atendidos sigue igual. Es proporcional el número de los que ya se han atendido como de los que van llegando, por uno que se va llega otro con algún problema distinto. A ratos aparece uno que otro doctor, con los delantales blancos y el estetoscopio amarrado al cuello. Saludan a las enfermeras, pero con un aire de superioridad. Caminan como si fueran dueños del hospital. En la espera, el bebé dejó de llorar, de tanto gritar se terminó quedando dormido. Su madre, aliviada, lo acomoda y le tapa la cara para que no le moleste la luz. Llaman al hombre que se masajeaba la sien al box 3. Veinte minutos después llaman a Cecilia al box 5. La mujer se arma de fuerza, toma acomoda al bebé, se levanta y camina en dirección a la atención del médico. En eso se vuele escuchar el grito y el llanto del menor.